Reflexiones: Irene Enríquez Pigazo

La Nave: Breve reflexión de una navegante a pie de proa
Cuatro puntos cardinales orientan nuestro empeño por superar las expectativas que nos suscita este increíble proyecto. Cada paso es un golpe en firme, con el que ir asentando el ruido de la ilusión inminente, en el esfuerzo de una generación dispuesta a todo por el éxtasis de la creación artística. El aprendizaje, natural y espontáneo, nos sorprende un horizonte de latido constante, mientras el entramado de luces nos dicta el sentido exacto de nuestra postura escénica.
Con confianza deslenguada, intuyo que el camino a re-correr no encuentra límites en ningún plano de pensamiento, que en este gran navío, fuerte y robusto, no hay ancla que aguante el peso del avance exponencial de nuestro impulso. Quizás, la paradoja sea un elemento más en la constitución de nuestros puntales, mamparos y velas, pues, por imposible que pudiese parecer, somos transporte sin ruedas, alquimia sin esoterismo o arqueros sin flecha: creadores de lo imposible a partir de lo accesible.
La Nave, ¡nuestro buque insignia! Un buque con mucho juicio, el suficiente como para no enjuiciar ninguna proposición que contenga una idea digna, una embarcación que nos devuelve la emoción de ser titanes en tiempos de guerra. Cabestrante, roda y codaste para dar forma a una estructura que potencia la cultura por encima de cualquier lateralidad e inclinación, que huye de la apariencia para vivir una experiencia inolvidable.
Libertad, autenticidad y compromiso rigen nuestro cometido por esta singladura marinera en tierra. Con nuestra ilusión puesta en juego, estoy segura de que llegaremos a buen puerto.

Irene Enríquez Pigazo